6/3/17

Medios de comunicación públicos

Aunque los medios de comunicación son de interés público, tienen un carácter privado. Informando sobre una variedad de asuntos a una generalidad de personas, buscan un lucro privado con el que costear la existencia del medio.

Sin embargo, el lucro privado del medio también condiciona su temática y su línea editorial, de esta forma se orienta el medio de comunicación hacia un determinado tipo de público receptor y también se crean las condiciones informativas para ampliar ese público y "fidelizarlo", hacerlo un fiel seguidor de ese medio y, por tanto, garantizar su solvencia económica.

No sólo eso, en la confluencia de intereses económicos, sociales, políticos y hasta culturales, medio de comunicación, público y patrocinadores (anunciantes e inversionistas), se vuelven "cómplices" y compañeros de viaje, aliados en una misma empresa económica, política y hasta cultural que se presume (aunque no necesariamente) de interés general, aunque esta alianza tampoco se haya necesariamente en el mismo orden y con el mismo grado de participación; no se sabe hasta que punto puede ser más importante en cada momento la involución entre medios, público y patrocinadores. 

Cuando se trata de defender un medio de comunicación público de las apetencias del capital privado, por ejemplo, se le pone en manos de los políticos, y se hace cargo del medio una burocracia estatal formada por funcionarios profesionales o elegidos a dedo, y los consiguientes órganos reguladores integrados por políticos y sindicatos.

De manera que, los medios de comunicación, ya están en manos del Estado o del capital privado, aunque digan servir al interés general, al final tienden a identificar el interés particular de su supervivencia y administración con el interés general de la sociedad, lo cual, volvemos a lo de antes, no necesariamente es verdad.

Es verdad de los actuales medios de comunicación, este interés general aún es más difuso, por su proliferación y la variedad de medios de comunicación que existen hoy para informar al público, con lo cual el público selecciona sus medios de comunicación ideológicamente más afines y los identifica con el interés general. En otras palabras, no hay un público sólo sino una variedad de públicos, cada uno pertrechándose de variedad de temas y tomando sus argumentos y causas como los representativos y necesarios para resolver la cuestión de lo que sea el interés general, el bien común, etc.

Sin embargo, persiste entre todos los medios de comunicación pertenecientes a una misma cultura, a un mismo país, etc., una aproximación en los temas tratados así como en las metas culturales que se persiguen, y esta aproximación todavía es más acentuada cuando diversos medios comparten a los patrocinadores (los anunciantes y/o inversores) y un mismo público al que dirigen sus informaciones.

Con lo cual, el medio trata de "fidelizar" a toda costa a su público, evitando la pérdida de patrocinadores, y el público siempre puede comparar las informaciones entre uno y otro medio y cambiar de "lealtades" mediáticas cuando lo considere oportuno.

Ante lo cual, el medio puede elaborar diversas estrategias para garantizar la "fidelidad" de su público (al igual que cualquier otra empresa mercantil), centrándose en una determinada opción política, dando más protagonismo en sus informaciones a determinados sectores socio-profesionales, alabando determinados gustos y valores culturales.

En definitiva, para un medio de comunicación "profesional" no es dífícil fidelizar a una clientela entre el público potencialmente seguidor, cuesta pertrecharse de patrocinadores y de una base económica que de solidez y estabilidad económica, y si se pierde la confianza de unos o de otros cuesta recuperarla y, en todo caso, la clave del éxito de un medio de comunicación (como de cualquier empresa mercantil) es tener claro el público al que se dirige y no perderlo de vista nunca ni dejar de apreciarlo y potenciarlo, con lo cual un medio de comunicación (como cualquier otra empresa mercantil) pero, especialmente, un medio de comunicación se convierte en una fábrica de consensos sociales y culturales, una creadora y divulgadora de "estilos de vida" (estilos culturales) y una fábrica de ideas que puede enriquecer la sociedad y llevarla a una mayor integración social o, por el contrario, parcelarla y empobrecerla, todo depende del binomio entre medios de comunicación y patrocinadores, y de la madurez de la sociedad a la que se dirija.